Comunicación Corporativa,  Personal

Una copywriter organiza su boda

Hace poco más de un mes que celebramos nuestra boda, ¿quieres saber cómo fue organizarla desde la perspectiva de una copywriter?

Cuando trabajas en marketing tienes el ojo entrenado para detectar todo tipo de comunicaciones de marca, de fotografías, de paletas de colores y de eslóganes. Disfrutas viendo una coherencia en todo lo que rodea a un evento o una marca, y cuando llega el día de tu boda… aplicas todos estos conocimientos. Al menos eso fue lo que me ocurrió a mí.

El concepto

Sostenible, simple y canaria. Nada de regalos que acaban cogiendo polvo en un cajón ni de gastar más dinero en la decoración que en la comida y la bebida. Como se dice a menudo, «aunque haya cuatro cosas, pero que sean cuatro cosas bien puestas».  Por ello apostamos por regalar cactus y suculentas a nuestros invitados, ya que son un recuerdo que puede crecer (o no, depende de como se les dieran las plantas) y que, si sobraban, no iban a quedarse acumuladas sin sentido. Es más, sobró una veintena de plantitas que se repartió entre la familia más cercana. Y canaria porque nos casamos al pie de un drago, el árbol símbolo de nuestra isla, junto a una casa típica de Canarias.

Fotografía de Gabriel González

En esa misma línea apostamos por encargar las invitaciones y los carteles marcamesa a una ilustradora de Tenerife, que hizo pequeñas obras de arte con acuarela reflejando diferentes rincones de la isla. Y es que en vez de numerar las mesas, les pusimos nombres de lugares importantes para nosotros o nuestras familias. Parte de la comunicación que realizamos con los invitados, como el save the date o los detalles previos a la boda, se hicieron por Whatsapp, pero con la misma estética y patrones de colores que la invitación física.

No me entraba en la cabeza que un vestido de novia realizado industrialmente costara varios miles de euros, así que encargué las telas y el trabajo de diseño y costura a una modista local, y el tocado a La Novia Indie. Entre las dos lograron el look que soñaba para el día de mi boda.

La maravillosa ilustración que ReinaGreen hizo para nuestras invitaciones

Todo esto me lo cuentas porque…

Te cuento todo esto porque no es muy diferente a la búsqueda de una imagen de marca que pueda realizar cualquier empresa, desde establecer los valores que le identifican hasta expresarlos a sus clientes (en mi caso, a mis invitados). Para conseguir una experiencia redonda y un recuerdo positivo y permanente en la memoria de quienes forman parte de la misma, es indispensable mantener la coherencia. Desde las palabras que escogimos para la invitación hasta la decisión de invertir más en la comida que en la decoración o las flores de los centros de mesa, todo formaba un conjunto que daba una imagen coherente a nuestra boda. Y, sobre todo, que encajaba con nuestra idea de invertir en artesanos y artistas pequeños, centrarnos en lo que nos une a todos y que todos encontraran su espacio.

Desde que tuvimos claro que íbamos a invitar también a los más pequeños de la familia empezamos a pensar en regalos para ellos, lo que en marketing podría considerarse como una personalización de la experiencia. Un niño de diez años no iba a querer un cactus de regalo, pero quizá sí le gustaría un puzzle. Pero el puzzle para una niña de tres años es muy complejo y peligroso, así que para ella era mejor un cochecito de madera. Para mí, como copywriter, es fundamental saber quién es el público para el que me estoy esforzando, ya sea escribiendo textos o, en este aspecto personal, escogiendo regalos. No me vale un producto genérico, quiero que mi interlocutor sepa que estoy hablándole directamente a él.

Fotografía de Jorge Tejera

También hay una relación muy potente entre escoger el lugar de celebración y apostar por una ilustradora local para diseñar la papelería de nuestra boda. No tendría sentido reservar una finca con un cocinero especializado en productos de cercanía, y luego encargar las invitaciones a una fábrica en China. O decorar las mesas con flores sencillas y pequeñitas, de color blanco, pero con un marcamesa de colores o materiales estridentes. Seguro que más de una vez has entrado a negocios cuyo producto no tiene relación con la decoración del local, o cuyas redes sociales no reflejan correctamente el espíritu que caracteriza su marca. Pues no queríamos que eso ocurriera con nuestra boda, ¡y creo que lo logramos!

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