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¿Mi empresa puede vigilar mi ordenador?

Que el empresario quiera controlar todo lo que hacen sus empleados no es algo nuevo, pero sí que se hace más presente en la «era COVID»

Propietarios de tiendas que instalan cámaras de vigilancia enfocadas hacia sus empleados, gerentes que se pasean entre los escritorios de una oficina observando todo lo que hacen sus subordinados… La vigilancia producida por las dudas y el miedo por parte de los puestos de mayor responsabilidad de una empresa siempre ha existido. Miedo a que una dependienta se lleve dinero de la caja, a que conspiren en su contra, o a que se pasen las horas de trabajo viendo vídeos de gatitos. Sin embargo, después de que el COVID sacudiera nuestras vidas (y nuestras oficinas) a principios de 2020, la vigilancia ha tomado otras formas.

Hay numerosas aplicaciones que permiten bloquear páginas web en los puestos de trabajo, con la intención de evitar que los empleados pasen el tiempo mirando Facebook o tiendas online. Funcionan de una forma muy similar al control parental, y estaban totalmente normalizadas en las empresas y centros educativos. Sin embargo, el control de los dispositivos cada vez va más allá y llega al control de la productividad personal de cada uno de los miembros del equipo, con aplicaciones que permiten, incluso, realizar capturas de pantalla y contabilizar el número de horas que el empleado pasa tecleando o haciendo clic.

¿Mi empresa puede vigilar mi ordenador?

La ley española actual deja muy claro que sí, pero con varias condiciones. La primera, fundamental, es que los dispositivos que van a ser vigilados deben ser propiedad de la empresa. Es decir, que no te pueden controlar si utilizas tu ordenador personal o tu propio móvil para trabajar.

Pero no todo vale: El trabajador debe saber que se está realizando ese tipo de control y debe saber a qué información puede acceder la empresa. Además, esta vigilancia debe realizarse por ser la medida más moderada dentro de las posibles soluciones a un problema, tiene que estar justificado por los beneficios que proporciona este control  la empresa (frente a los inconvenientes que supone para el empleado) y que esta vigilancia se reduzca a a relación laboral. Si el control se realiza sin estas bases, podría carecer de fundamentos y no serviría para sancionar a un empleado. En otras palabras, si tu empresa no te ha notificado (ya sea directamente o mediante otro tipo de comunicación) que se realiza este tipo de acciones de vigilancia, difícilmente pueden utilizar estas herramientas para realizar acciones punitivas.

Entonces… ¿y si el ordenador es mío?

Si estás utilizando tu propio ordenador o teléfono para trabajar, independientemente de si estás en una oficina o si realizas tu trabajo de manera telemática, la empresa no puede implantar ningún software de vigilancia.

¿Es ético que me vigilen?

Una vez planteada la situación a nivel legal, el debate que queda es el siguiente: ¿Es ético que mi empleador me vigile? ¿Sería justificable en cualquier caso, o solo ante la sospecha de que no estoy invirtiendo mi tiempo en trabajar? ¿Es moral medir la productividad de un empleado en función del tiempo que pasa haciendo clic?

En mi opinión personal, la vigilancia al empleado solo se justifica ante la sospecha de que no esté cumpliendo con sus deberes. Una vez superado el periodo de prueba que es tan habitual en la mayoría de los empleos, quedaría claro el nivel de trabajo de este empleado, cómo gestiona sus responsabilidades y de qué manera trabaja en situaciones de mayor o menos estrés, así como su productividad, sus puntos fuertes y sus debilidades. Es trabajo del empleador (o de su equipo de gestión de personal) observar los cambios de conducta de sus empleados, establecer canales de comunicación con ellos e interesarse por sus objetivos y metas en la empresa, de forma que ante cualquier alteración en la productividad o en su actitud ya existan canales de comunicación adecuados y un conocimiento cercano de sus circunstancias. Transmitir desconfianza al equipo solamente sirve para que éste no se involucre en los proyectos de la empresa y, con el tiempo, busque otra vía para desarrollarse en el campo profesional, de manera que la compañía pierde activos de valor ya formados en sus valores de marca y sistemas de trabajo.

¿Y tú, qué opinas?

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