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Cinco lecciones que me dejó el confinamiento

Se dice que las crisis provocan cambios de todo tipo. Es algo que tenemos tan interiorizado que se ha convertido en clichés propios del cine, desde la chica que nada más dejar a su novio se corta y tiñe el pelo hasta el empresario que después de un revelador accidente de tráfico deja de lado su vida cotidiana y se lanza a recorrer el mundo con una mochila.

Hoy vengo con un artículo algo más personal de lo normal: quiero contarte las cinco lecciones que me dejó el confinamiento provocado por la crisis del COVID-19. Estar encerrados en casa, alejados de nuestras familias y de nuestra vida cotidiana nos ha afectado a todos: Yo soy de esas personas afortunadas que no ha tenido que llorar a ningún familiar o amigo fallecido por culpa del virus, así que he podido aprovechar ese privilegio para extraer algunas lecciones que quiero aplicar a mi vida en esta casi normalidad. ¿Cuáles son las tuyas?

  1. Gestionar mejor mi tiempo: Cuando todo se detiene te das cuenta de lo que de verdad importa. En ese sentido, me propuse gestionar mejor mi tiempo, no para ser más eficiente, sino para que sea más saludable. Ser más coherente con mis ritmos y no olvidar que no todo lo que parece relevante y urgente lo es.
  2. Consumir de manera consciente: No comprar cosas que no necesito, ser responsable en mis decisiones de consumo y aprovechar más la cercanía de los comercios locales son tres de mis objetivos post-cuarentena, que se pueden resumir en el propósito de querer convertirme en una consumidora responsable, consciente y con hábitos sostenibles.
  3. Valorar más mis capacidades y habilidades: El teletrabajo y el auge del comercio online durante el confinamiento forzado me han ayudado a darme cuenta del auténtico valor de mi profesión. Es más, en una época en la que pensaba que las empresas no se atreverían a realizar ninguna inversión tuve la oportunidad de trabajar en varios encargos relacionados con el copywriting y el diseño gráfico.
  4. Apreciar mi ropa como una forma de expresión: Ya sabía que para mí la moda es una forma de expresar cómo me siento, quién soy y cómo quiero llegar a ser, pero después de estar dos meses en leggins y utilizando las camisetas más cómodas de mi armario (por mucho que una o dos veces a la semana me arreglara un poco más) me he dado cuenta de lo importante que es para mí sentirme bien con mi aspecto físico. Prestar atención a la ropa que llevo cada día me ayuda a motivarme, a cumplir mis objetivos y, sobre todo, a quitarme de encima el pensamiento de que no estoy preparada para enfrentarme a determinadas situaciones.
  5. Evoluciono, aunque no me dé cuenta: Cuando todo comenzó, estaba convencida de que a raíz del confinamiento, de las muertes diarias, de las malas noticias y de la incertidumbre resurgirían algunos fantasmas del pasado, y que me sentiría incapaz de volver a realizar algunas actividades cotidianas, o incluso que mi salud se resentiría. No ocurrió nada de esto y, aunque los nervios y la preocupación estaban a flor de piel, me di cuenta de que cuando uno crece y evoluciona, lo hace para siempre.

Hace unos meses analicé el aprendizaje que podemos extraer de esta crisis en el ámbito de la comunicación online, haz click aquí si quieres leer mis conclusiones.

Y tú, ¿has podido extraer alguna lección sobre tí mismo de esta situación?

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